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En el puente

Respuesta al Vade Reto de septiembre.

La Muerte se recostó a la baranda, justo a mi lado, a mirar el desastre. Supe que era ella porque me constaba que mi cuerpo estaba ahí abajo, entre los hierros retorcidos del camión, y yo estaba arriba, sintiendo muy poco al respecto. Además, si nos podíamos ver, por algo era. Lo miré por el rabillo del ojo. No daba miedo. Le indiqué el accidente.

—Ahora sí la armaste buena, ¿eh?

Me hizo un gesto de más o menos con la mano.

—Ni tanto. ¿Catorce víctimas? He tenido días mucho más productivos.

Yo asentí de nuevo. La Muerte sacó un cigarro y lo prendió, sin pedir permiso. Me ofreció uno.

—No, gracias, no fumo —respondí mecánicamente.

—Y haces bien —dijo él —: estas cosas matan.

No sonreía. En su voz no hubo una pizca de sarcasmo. Seguía ofreciéndome el cigarro, ahora encendido, y lo tomé. Una calada me relajó muchísimo, y me tomé todo el asunto con mucha más calma, si cabe. Miré a la Muerte de arriba abajo. Estaba buenísimo.

—Oye, ¿no se suponía que ibas a ser un esqueleto femenino vestido de negro? ¿Con una guadaña?

—¿Y tú como ibas a saber que era un esqueleto femenino? No sabes diferenciar un fémur de un muslo de pollo.

La verdad, tenía razón. La Muerte dio una larga calada al cigarro y echó la ceniza sobre los restos del camión.

—Eso sería muy contraproducente. No te imaginas las perretas que dan cuando están casi a la puerta. Si fuera así todo el camino… —encogió sus atléticos hombros en un gesto indudablemente sexy —Debo lucir como algo que no les asuste. Un familiar, un ex amor. Alguna divinidad. Ahora soy la suma de las fantasías de tu cabecita calenturienta. ¿Te incomoda?

Lo pienso un poco.

—Francamente, no.

—Lo sé. Para ser alguien que se impresionó tanto con lo de “vendrá la muerte y tendrá tus ojos”, me fue imposible tomar la forma de alguien a quien amaras. Eso habla mal de ti, pero quién soy yo para juzgar —se miró, palpó los músculos definidos de su torso, comprobó uno de sus bíceps y sonrió —. Además, estoy de lo más sabroso. Me gusta.

Su crítica, que normalmente me habría hecho saltar como un resorte, no me afectó.

—“Construimos demasiados muros y no suficientes puentes” —respondí —. Por cierto… ¿es verdad que Newton murió virgen?

—Por supuesto que no, era demasiado inteligente para eso. No le gustaba demasiado el seño, pero sí lo hizo un par de veces. El problema es que si intentas explicarle las leyes de la mecánica a una persona mientras te la follas, no es la mejor garantía de repetir…  

Terminamos los respectivos cigarros y esperamos un rato más, en silencio. Era cierto que sin el peso de las emociones, mi cerebro parecía rápido, exacto, ágil. La actitud políticamente correcta a esas alturas sería ponerme a llorar y arrepentirme de lo vacía y equivocada que fue mi vida o algo. Pero no se me ocurre. Pensé. La muerte (con minúsculas) no es lo opuesto de la vida. La vida ocupa un largo espacio en el tiempo. La muerte (con minúsculas) es apenas un momento, un instante en el que cesan las funciones vitales. Siguiendo esa lógica…

—No, todavía no —respondió —. Pero lo estarás en muy poco tiempo. Y sí, hay forma de salvarte, pero no está en tus manos.

Le dio la espalda a la baranda y señaló el otro extremo del puente. En la mano le había aparecido, sin más, otro cigarro.

—Por ese punto debe llegar, en cualquier momento, un ómnibus. Yutong, procedente de Cienfuegos, para ser exactos. Por ese otro —y señaló el otro extremo del puente —vendrá una vaca negra. De noche, el chofer solo la verá cuando esté casi encima.

—¿La misma vaca que…?

La Muerte se encogió de hombros.

—Tuve que improvisar. Normalmente no uso el mismo recurso dos veces tan seguidas en el tiempo. Me gusta más complicar las cosas. Hacer carambolas y jugadas inesperadas. Uno se aburre mucho en este trabajo, ¿sabes?

—Entonces, ¿la vaca…?

—La vaca. Pues nada, saldrá de allí. Tu vida depende de cómo reaccione el chofer.

Y dicho esto se recostó de nuevo a la baranda, de espaldas a los acontecimientos, a fumar.    

—Esto… Muerte, cariño: ¿eso es todo? ¿Mi vida depende de qué haga el chofer, y listo?

—Qué básica eres. Piensa un poco. Si el chofer pierde el control del vehículo y se estrella, al igual que el camión, en el río allí abajo, nadie vendrá a ayudarte. En lo que el palo va y viene, te moriste. Y yo, cómo no, gano doble. Si esquiva a la vaca y sigue su camino como si nada, nadie sabrá que hay un accidente ahí abajo, y te moriste igual. Si, por el contrario, frena y se asoma a mirar bien qué fue eso; o le da a la vaca negra de marras y tiene que llamar a las autoridades, te salvaste. O al menos, podrías.

La Muerte siguió fumando con lentitud de su cigarro que parecía eterno. En cámara lenta, vi venir por el Este al bus, “Yutong procedente de Cienfuegos, para ser exactos”. Por el Oeste, venía muy campante la “vaca negra de marras”.

—¿Por qué me diste el chance? ¿Por qué a mí? ¿Es que no era mi hora o algo así? ¿Alguien “arriba” te ordenó que yo debía vivir? ¿Hay algún…?

—Como digas la palabra “propósito” —me interrumpió —bajo y personalmente te corto el cuello con un trozo de parabrisas. No eres especial, no me rijo por cosas como que sea la “hora” de alguien, y ciertamente no reportas el menor interés para los de “arriba”. Estaba aburrido, escogí al azar, saliste tú. Es lo que hay.

Me percaté de que en todo ese tiempo el bus y la vaca habían estado paralizadas completamente y el tiempo no se había movido un ápice. Si hubiera podido, me habría estremecido la idea. Sobre todo, al conocerlo. Seguramente, lo más apropiado en ese momento era rezar. Por mí, por la humanidad. O, qué sé yo, entrar en pánico por la verdad que me había sido revelada. Pero, para ser sincera, era como si los acontecimientos no me afectaran lo más mínimo, y fueran solo una película en 3D que estaba viendo en algún cine lejano.

Con su habitual sentido del humor, la Muerte hizo aparecer entre mis manos un paquetico de palomitas de maíz.    

9 comentarios sobre “En el puente

  1. Buenas tardes, María Jesús (o gaviota).
    Un relato lleno de sarcasmo e ironía, pero con mucho mensaje subliminal entre sus líneas.
    Primero, porque has cambiado la idealización que tenemos de la muerte, que viene dada por películas, novelas o, incluso, nuestra propia imaginación. Segundo, por esa escenificación tan desenfadada que le has dado al «traumático» paso de la vida a la muerte, siempre tabú y temeroso.
    Además, has tratado el tema de la salvación más allá de rezos, milagros o balanzas de karma. Un simple azar determinará el destino de la protagonista.
    La muerte, como tal, evoca millones de historias y su figura, su trabajo, su obligada aparición deja lugar a que la imaginación tome las riendas y nos provoque distintos estados de ánimo o sentimientos.
    Os recomiendo este relato de Alix E. Harrow que leí hace poco y me encantó:
    https://cuentosparaalgernon.wordpress.com/2021/03/23/senor-muerte-de-alix-e-harrow/
    Felicidades por la historia, por la interesante utilización del «puente» y muchas gracias por regalarlo para el Acervo, el VadeReto.
    Un abrazo.

    Le gusta a 1 persona

    1. Gracias. Una vez hace como un año iba en un bus (Yutong) y casi nos matamos por culpa de una vaca negra. Lo curioso es que yo iba dormida y cuando el frenazo me despertó, juraría que vi una figura muy rara al lado de la carretera. Probablemente solo estaba soñando, pero me quedé con la idea. Et voilá.

      Le gusta a 2 personas

      1. 😨😨😨😱😱😱
        Preparándote para el Jaloguín, ¿eh? 😅😂
        Espero que lo que vieras fuera al vaquero. 😉
        Ese momento de vigilia, entre el sueño y la realidad, suele ser buena fuente de inspiración para escribir.
        Te espero con la siguiente. 👌🏼
        Un abrazo.

        Le gusta a 2 personas

  2. Me ha gustado mucho tu relato, resulta interesante desde el principio. Un diálogo fantástico con la muerte y ¡qué pinta tiene la muerte! Me gustó eso de que se presente en la forma en que a uno menos le asuste o (le guste). Me gusta el ritmo, me gusta el final. Me gusta que no haya desesperación. Un relato original que de verdad me ha gustado. Saludos.

    Le gusta a 3 personas

  3. Buenos días Gaviota. ¡¡Genial!! Tu relato, además de genial, me parece espeluznante. Todo se desarrolla con tanta calma y normalidad, sin gritos, sin lamentos, sin estridencias, charlando y fumando con la Muerte (con mayúsculas). Y por eso, precisamente, a mí por lo menos, me sobrecoge.
    No somos especiales, no hay una hora determinada para morir y no le importamos un pimiento a «los de arriba». Para colmo, no sirven de nada los rezos, milagros o balanzas, ni entrar en pánico, ni haberse comportado como una lady toda la vida.
    Toda la vida diciendo que no existen las casualidades y ahora resulta que…
    ¡Pero esto qué es! Nos has desmontado el cuento en un plis plas. ¡Me encanta!
    Y me alegra muchísimo que el VadeReto nos convoque cada mes y aparezcan joyitas para disfrutar asomada a la barandilla de un puente, fumando un cigarrillo o tirada en la cama.
    Un abrazo.

    Le gusta a 2 personas

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