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Orgullo y Prejuicio para dummies (1)

Estaba yo dando vueltas por Facebook, muy aburrida, cuando surgió esta idea. Salió una serie de publicaciones, resumiendo el libro «para dummies», o sea, con un lenguaje y un tono mucho más ligero que el original. Ahora se lo traigo, gracias a que un amigo los compiló. Les adelanto:

CAPÍTULO 1

Nuestra novela empieza con una frase lapidaria que ha pasado a la Historia de la Literatura: «Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa». Y nada, la gente tiene eso tan metido en la cabeza que el hombre rico que llegue a un barrio va a tener hasta agua de calzón en el café. Normal. Tampoco ha cambiado mucho. Y resulta que un tal señor Bennet tiene 5 hijas. No porque le gustara mucho el ñiquiñiqui ni porque se le rompiera el condón, sino porque la familia necesitaba mucho un hijo varón. Los Bennet cobran como 2 mil o algo así al año, y no es mala plata, pero tienen toda esa tonga de hijas y un tatarabuelo al que probablemente le pegaron los cuernos o algo de eso montó un ataquito y decidió que la herencia solo se le podía pasar a los varones. Por lo cual, cuando el srB muera, todo va a parar a un primo que ni conoce. ¿Y la viuda y las hijas? Pues bien gracias, a freír tusas. Así que la señora Bennet ha hecho la misión de su vida casar a las 5 chiqueuitas a como dé lugar, y si es con hombres ricos pues mira, mejor.

Al pueblo ha llegado un tal míster Bingley, gana la hermosa suma de 5 mil al año, y ya la sra B ha decidido, sin contar con nadie, que una de sus hijas le va a hacer un midsommar (si han visto la peli saben a que me refiero).

Pero el sr B no quiere ir a visitar al nuevo vecino, cosa que viene siendo la puerta de entrada a una sucesión de cortesías, visitas, invitaciones y demás, imprescindibles para que un día, sin haber cruzado ni media palabra sin chaperona y esas tallas, decida que se quiere casar para toda la vida con una de las niñas Bennet. Menos mal que no nací en esa época.

Por tanto, la sra B le arma al marido una bronca de las ricas, lanzadera de platos y amenaza de darle candela cuando duerma y to eso. Él, por cierto, sigue diciendo no y mil veces no.

CAPÍTULO 2

El sr B ha ido a visitar al sr Bingley 😅

CAPÍTULO 3

El míster Bingley decide asistir a un baile que iban a dar en el barrio, una cosa no muy formal ni fina, como la fiestecita de reparto que se forma en la esquina de tu casa el fin de semana. Y se presenta allí con sus dos hermanas, unas tipas con permanente cara de comer limón, su cuñado que que tiene complejo de Ratón Pérez y solo sabe dormir y callar, y su amigo el míster Darcy.

El Darcy es un trigueño alto bonito, pero con una cara de tener un tubo de luz fría insertado en salva sea la parte y no querer moverse pa que no se le rompa. Al principio en la fiesta se riega la bola de que gana 10 mil libras al año (en esa época era como decir que se bañaba en monedas de plata y usaba los billetes como toallitas desechables, ay la inflación y la desvalorización de la moneda…). Así que la gente está mucho más pal daño con él que con el Bingley. Pero con esa cara y esa nariz más levantada que si se hubiera echado prednisolona pa la alergia, caes mal, hijo, caes mal.

La sra B cumple su sueño de presentarle las niñas a los tipos ricos, y entonces Bingley le pone el ojo a Jane, la hermana mayor, que es una muchacha muy linda y tan dulce que parece haber sido criada a base de azúcar de remolacha. Darcy por su parte sigue con cara de Edward Cullen trasnochao en su rincón. Así que su socio va pa allá a ver si lo alegra un poco.

Bingley: Darcy mijo, por favor, cambia esa cara que esto no es The Sandman. Mira cuántas chiquitas lindas hay aquí, sacalas a bailar o algo. Aguafiestas.

Darcy: No, man, que va, me da cosa bailar con gente que no conozco. Además, tú te has llevado a la única pieza que vale la pena en toda la fiesta.

Bingley: Ah pues sí. Pero mira, allá está su hermana, no está nada mal. Dale, sácala a bailar.

Darcy mira de arriba a abajo a la hermana en cuestión, Elizabeth, y le responde al amigo:

Darcy: Meeeh. No está mal pero tampoco es Scarlett Johansson ni nada de eso. Y nadie la saca, por algo será. No estoy pa hacerle caso a chiquitas que nadie mira, desmaya eso.

Con tan mala suerte que la muchacha en cuestión, Elizabeth Bennet, lo oyó.

CAPÍTULO 4

Acá no pasa realmente nada. Vemos que Jane es un pan de dios y que Elizabeth es un poco más desconfiada, aunque ambas tienen en común la muy loable y muy poco pragmática seguridad de que solo se casarán por amor, aunque ninguna tiene una dote que sirva pa un carajo y los hombres son mucho más pragmáticos.

También conocemos un poco más a Bingley, que es un pan de dios, y a Darcy, que es un poco más desconfiado y… Wait, no acabo de escribir esto ya? Uy uy ya veo… Se vienen cositas.

CAPÍTULO 5

En este capítulo conocemos a Charlotte, la mejor amiga de Elizabeth, que anda mucho más clara en casi todo.

CAPÍTULO 6

En donde vemos que a Jane le gusta Bingley pero es muy discreta y eso a Charlotte le preocupa, pque ya desde 1813 sabemos que los hombres captan muy pero muy bien las indirectas, oh sí 🙄

También hay un baile en el cual Elizabeth comienza a entrenarse en su deporte favorito: hacer pendejo a la parrilla. Y quién es la víctima escogida? Ah pues quién va a ser, Darcy. Ella lo quema y lo requema una y otra vez y Darcy se ofende y no le habla más nunca y… Ah, se dejaron engañar. PUES NO, porque Darcy es un hombre lo suficientemente orgulloso como para no creerse que pueda caerle mal a Elizabeth. O sea, no de verdad, seguro está jugando nada más. Y se dedica a observarla (mucho) y hablar con ella (o intentarlo) porque es masoquista nivel pro. Y lo que ve le empieza a gustar. De lo cual Elizabeth no tiene ni idea porque a ver, ninguna de nosotras, si realmente nos respetamos, volvemos a mirarle más nunca la cara al traste impróspero que nos rechaza en público.

CAPÍTULO 7

A las hermanas Bingley les cae mal todo el mundo pero son lo suficientemente perras como para reconocer que a pesar de todo lo que la ripian en privado, Jane Bennet es un amor. Así que la invitan a la casa, y la madre, más estratega que Napoleón, la manda a caballo para que la coja la lluvia por el camino y se tenga que queuedar a dormir. Con tan mala (buena) suerte que la Jane agarra el covid… O bueno, un catarrazo épico al menos, y Elizabeth se preocupa y decide ir sin invitación a ver a su hermana. A pie. Por el fango.

Ya sabemos que esto no va a acabar bien, verdad?

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Un comentario en “Orgullo y Prejuicio para dummies (1)

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