El canto de la ballena muda

Nada, hoy es viernes. Ha sido una semanita bien interesante, para qué negarlo. Pero no ando de humor para hablar de eso. Así que vamos a cambiar el tema y hablar un poco de cosas al azar, no sé, a ver, lo primero que se me ocurre… Y no se me ocurre nada. ¡Por eso me salva la vida el VadeReto de julio! El tema es «El náufrago» y va increíblemente bien con mi mood de viernes. Vamos allá.

¿Conoces la historia de la ballena muda? La vi en feisbuk una vez, así que no sé si es verdad o mentira. Pero es tremenda historia. Verás, las ballenas se comunican mediante «cantos». Son unos sonidos espectaculares, que a veces recorren distancias enormes debajo del agua. Parece estar relacionado con la ecolocalización (ya sabes, lo que hacen los murciélagos para orientarse), pero también comunicarse con otras de su especie. Aparentemente «hablan» en cierto rango de frecuencia, así que si una de ellas decidiera, o se viera obligada a cambiar de frecuencia, podría cantar todo lo que quisiera, que las otras no la iban a oír.

Es una metáfora demasiado fuerte, ¿verdad? Esa ballena no es muda, pero para los efectos lo es, ya que todas las demás son sordas a su canto. Una ballena solitaria en medio de la enormidad del mar, que allá abajo ya ni siquiera es azul. No llega casi luz. Es triste. La pobre no va tener amigos, no va a encontrar el amor, no va a tener hijos… ¿cómo era que se les decía a las ballenitas? Yo no sé demasiado de ese tema, la verdad. No se me ha perdido nada bajo el agua. Tengo talasofobia y de las malas. Si enciendo el televisor y hay un documental de cualquier cosa relacionada con cualquier masa de agua, mira, cambio de canal con las manos temblando y el corazón a mil. Respeto muchísimo el mar, lo amo, es super poético… de lejos. Bicho que me quiera morder, tiene que venir por la ducha.

Así que, bueno, el hecho de que precisamente yo te esté hablando de ballenas ya dice mucho.

¿Que si me siento reflejada en la historia? Nah, quién dice. ¡Con todo lo que yo hablo! Hablo y hablo, tú me conoces… casi es imposible hacerme callar. Sí, me da miedo el silencio. Tanto que hasta hablo sola, cuando estoy en casa. Digo lo que sea, hasta cosas sin sentido, con tal de apagar el silencio. No sé si hay fantasmas allá, pero estaría bien que un día uno se manifestara aunque fuera para decirme «YA CÁLLATE, JODER». Como me dice la gente real, por cierto. O lo piensan. La gente te dice que odiar el silencio es malo. Lo es. Créeme, lo es…

No sé si estoy loca. Hay días que pienso que sí lo estoy. Que hace años se me cayeron todos los tornillos y no me di cuenta. ¿Cuál es el concepto de loco, después de todo? Espera, lo gugleo. No, loco no me sirve. ¿Alienada, quizás? Vaya tela. ¿Quién no lo está ahora mismo? Esta mierda que tengo en la mano… Se suponía que acceder a toda la información del mundo con un pase de dedo sobre una pantalla era Ciencia Ficción de la buena. ¿En qué se ha convertido? Te lo digo yo: una fuente más de alienación. Si Kafka llega a ver un móvil inteligente se muere más pronto. Yo envidio a todo aquel que bota esta basura y se quita la adicción. La gente que puede vivir sin estar lovcalizable o tener localizado a nadie. Los que no necesitan conectarse. Los que ven algo lindo y no sacan de inmediato el aparatico para hacer una foto. Amo a esa gente, me parecen espectaculares. Excepto porque la mayoría son unos idiotas que se creen únicos y superiores, ya sabes.

En fin. Sírveme otro trago. Eso. Mira, no me siento identificada con la ballena muda. Era… era para romper el silencio. Ya sabes, lo odio y tal. Hablo sin sentido.

Pero tiene su gracia ser una ballena convencional. Tiene su gracia cantar en la misma frecuencia de todas las demás ballenas. Saber que te van a entender, saber que lo que los otros digan te va a tocar en algún sitio. A mí me aburre. Esa es la verdad: me aburre. Soy el bicho más sociable que conoces, pero te voy a hacer una pregunta y quiero que me contestes con sinceridad: ¿crees que soy normal? No contestes, ya veo que te puse en un apuro. Nadie cree que lo soy. Llega un momento de la conversación, de la fiesta, del «buen rato», y puedes ver en mi cara que me desconecté del mundo. En esos momentos me siento tan… triste. Todo eso me parece tan hueco. Me pregunto «bueno, y todo esto, ¿para qué es?» Todas las charlas pequeñas y convencionales, todas las charlas «profundas» que al final solo son para impresionar… ¿Para qué?

Para tener amigos. Para encontrar el amor. Para reproducir a la especie. Para no sentirse solo en la enormidad de… esto, donde ni la luz llega. Vale, pero ¿qué pasa cuando te sientes solo de todas formas?

Un día voy a hacer un voto de silencio. Un día… me lo digo siempre, un día voy a tener el valor de apagar el celular, un día dejaré de gastar en internet, un día… y nunca lo hago. Y sin embargo, nunca siento que alguien entiende una mierda de todo lo que hablo, que no entiendo nada de lo que habla nadie, y que todo es un gran sinsentido. La única persona a la que alguna vez le comenté esto, me dijo una frase… Ahora no la recuerdo bien… «No culpes al mar de tu segundo naufragio», esa era. Vaya mierda. ¡Como si yo alguna vez hubiera sido diferente y hubiera elegido esto!

Pero no, claro que no me identifico con la ballena muda. ¿Cómo podría? ¡Con todo lo que yo hablo!

8 comentarios sobre “El canto de la ballena muda

  1. Buenos días, María Jesús.
    Has pasado muy hábilmente de la ballena náufraga, en tierras abismales, a tu «solitaria» conversación. Porque no es un monólogo, de hecho, he tenido la sensación de no estar leyéndote, sino escuchándote.
    Has interpretado muy bien el papel de Náufrago, porque si no te dejan hablar ya me contarás.
    ¿Loca? Quién está totalmente cuerdo hoy en día, y ¿para qué? Los locos nos divertimos más, tenemos más imaginación y podemos inventarnos las historias que queramos. Yo también hablo con las paredes y, de momento, todavía no me han hecho callar. XD
    Como bien insinúas, hay que convertirse en un auténtico náufrago para abandonar toda la tecnología. Ya estamos abducidos por ella y no sabemos hacer nada sin acudir a sus consejos. Pero, de vez en cuando. viene de maravilla irse a un lugar solitario, apagar el móvil, observar y disfrutar de la naturaleza y si te llevas un buen libro, el paraíso.
    Muchas gracias por tu participación en el VadeReto.
    Un abrazo.

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  2. Me ha gustado mucho y me he sentido totalmente identificada. En serio. A veces, en medio del barullo me hago esas preguntas, me gusta la gente pero hasta cierto punto. Las conversaciones vanas me matan. Un gran aporte al reto de Jasc. Saludos.

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  3. ¡Hola! Has naufragado en tus propios pensamientos con esta conversación contigo misma. Naufragar en el sentido de sumergirte en tus propios pensamientos. He de reconocer que yo también hablo sola, cuando estoy en casa y no me oye nadie, Incluso a veces cuando voy por la calle «Cállete que te van a oir—me digo a mí misma». Y en más de una reunión familiar me he prometido no hablar, estarme calladita, pero… ¡Cuánto me cuesta tener la boca cerrada!
    Ha sido un placer leerte.
    Saludos

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