Un poco de veneno entre semana

Me he dado cuenta de que llevo unos cuantos días sin escribir, y eso no tiene excusas. He estado ocupada, eso es cierto, pero la vida me ha enseñado que para las cosas que son prioridad, uno hace el tiempo. Lo encuentra, lo fabrica. Así que vamos a priorizar este blog. El problema es que mi estado de ánimo en estos días no es del todo bueno. Los porqués no vienen al caso, pero afecta un poco la creatividad, y nadie quiere leer una entrada completa de alguien quejándose por absolutamente todo. Ahora bien, si a usted, mi querido lector, le gusta un poco de veneno de vez en cuando, está en el post correcto.

Lo primero que me viene a la mente es algo que he visto mucho esta semana y es la incoherencia de la gente. Acá voy a usar un par de términos despectivos que probablemente van a odiar, y a mí por usarlos. Voy a hablar de «fundas» y de «progres», para llevar a todo el mundo parejo. Voy a hablar de los emprendedores, y no necesariamente bien. Si usted entra en uno de esos campos, lea con la mente abierta. No todo es lo que parece. Vamos a partir del principio de que ningún extremismo es bueno. Y de que hay progres tan extremistas y equivocados como los fundas más extremistas y equivocados. Cuando se trata de defender creencias y posiciones, todos los seres humanos somos iguales y todos corremos el riesgo de caer en basuras. Y pensar «tengo derecho a pasarle por encima a X porque está equivocado y yo tengo la razón, y en algún momento la vida lo demostrará, así que no importa», es un discurso que cualquiera te suelta, así, tan calvo…

¿Qué onda con los pijos y los intelectualoides?

¿Qué onda con los consumos culturales? ¿Qué onda con las incoherencias? ¿Por qué hay que militar todo el tiempo a la hora de hacer o consumir el arte y el entretenimiento? Y sobre todo, ¿qué onda con la cultura de la cancelación y la prohibidera de libros en pleno siglo XXI? ¿Qué es, que la mejor manera de vencer a un enemigo es comportarse igual? En fin, vamos por partes, dijo Jack el Destripador.

Vienen y empiezan a hacer un discurso larguísimo sobre la necesidad de ser críticos con los consumos culturales porque si las representaciones, porque si lo «colonizador, comercializado y edulcorado» (comentario real) de una pinche película para niños, porque si la «apropiación cultural» (una vez alguna pendeja me dijo que mi pelo rizado NATURAL era apropiación cultural porque mi piel es blanca), y la no sé cuál «falta de exactitud» (pfff). La gente que cree que cierta peli de Disney debería estar en español pues debería ser en el idioma original de los personajes. Ya, ¿entonces Elsa debería hablar danés? Me sirve, pero ¿Hércules no hablaría griego antiguo? Creo que para Atlantis se la habrían tenido que currar bien feo. Ni hablar de Tarzán, vamos. ¿Y la Sirenita había que hacerla en qué idioma? El único que yo conozco que sabe hablar con sirenas es Albus Dumbledores y se murió en el 6to libro.

El comentario que más roña me dio fue el que anulaba la calidad de matriarca de la Abuela Alma, de Encanto, simplemente porque «incurría» en la nostalgia por el marido. A ver, mijo, ¿ahora va a ser que la vieja no puede extrañar al hombre que amaba y que perdió joven, asesinado, delante de sus ojos, porque eso la hace menos feminista? ¿Podrían bajarse un momento de su nube rosa de falsa superioridad intelectual y aterrizar? ¿O es que están por encima de nosotros, pobres mortales que sí disfrutamos la vida sin querer encontrar enemigos, errores e incorrecciones políticas en todas las esquinas?

La misma gente que acomoda los hechos históricos a su conveniencia y le cambia la raza, sexo, orientación sexual y hasta etcétera a personajes históricos, no digo yo a los ficticios pero hostias, a los históricos, ¿viene a pedirle exactitud a una película de Disney? Váyanse a pastar.

Y antes de que nadie venga a comerme viva, yo nunca me he quejado cuando agarran a un personaje que el autor ha descrito de una forma y le cambian la apariencia, u otras cosas. Lo que me cae mal es cuando hay errores de veracidad o verosimilitud en el contenido histórico. No debería haber tanto espacio para la improvisación, y ciertos cambios afectan bastante la percepción que pueda tener el consumidor sobre el pasado. Todos sabemos que una percepción nula o errónea del pasado, nos puede guiar a repetir los errores en el futuro y eso es MALO. Es más, repito eso como cita porque lo merece:

Una percepción nula o errónea del pasado, nos puede guiar a repetir los errores en el futuro y eso es MALO.

Pero en esos casos, como que no están basados en historias reales, simplemente me imagino que es un universo paralelo muy parecido al nuestro, un mundo mejor que este. La ficción permite esos deslices. Y está bien que yo me pueda identificar con los personajes que se parecen más a mí, y no necesariamente con las barbies con las que jugaba cuando niña, pero ya cuando son basadas en hechos reales… ¿Reinado, con vestidos modernos y música moderna; y un matrimonio de 5 meses que según la serie duró años (o así se sentía, de lo lenta y abarrotada que iba esa basura); entre niños de 15 y 16 años pero que en la serie aparentaban 25? O joder, la total falta de respeto que hicieron al matar «correctamente» al Rey de Francia para luego revivirlo con un pase de magia y volverlo a matar como les dio la gana a ustedes. ¿Shakespeare con pantalones de mezclilla, acuchillados como los de ahora, entre otras muchas cosas? ¿Gente quejándose porque en Vikingos no había la suficiente variedad de razas? A ver, ustedes, los que piden exactitud cuando les conviene, ¿la exactitud HISTÓRICA dónde queda?

Entonces están de acuerdo conque el entretenimiento no tiene porqué ser exacto. Tiene que serlo para lo que cumple son su agenda, pero no para lo que cumple con la mía, la mujer que vive de la Historia. No me digan.

Y luego está lo de las agendas. Todos los extremos son malos porque detrás de un extremista, la mayoría de las veces hay un oportunista. ¿Cuánto hay de preocupación o indignación legítima y totalmente válida, y cuánto hay de excentricidad o necesidad de reconocimiento o algo peor? Recuerdo el caso del youtuber que armó todo un revuelo acusando a cierto actor famoso de abusar sexualmente de sus propios hijos, basado en las «contundentes evidencias» que extrajo de su interpretación sesgada de una foto. Últimamente es muy fácil mandar a cancelar a una persona porque no me gustó lo que dijo. Para los que tienen una vida pública, la cancelación es desastrosa en todos los aspectos, sin embargo mucha gente se escuda diciendo «meh, ellos eligieron esa vida». De acuerdo, pero cada vez es más fácil que a personas comunes y corrientes, como usted y yo, nos busquen un problema serio por lo que alguien entendió de lo que dijimos. Porque alguien pensó que lo miramos mal. Porque discriminamos directamente vale, pero también porque fuimos «demasiado amables», y eso alguien decidió que era condescendencia. La policía de lo políticamente correcto está ahí fuera, y no siempre se enfocan en lo importante. Y no siempre tienen buenas intenciones.

Una cosa es consumir críticamente, y otra, consumir únicamente para poder criticar.

Entonces, en vez de quererle buscar la quinta pata al gato, váyanse a ver la película experimental del director independiente de turno al cual no conoce ni su abuelita, váyanse con tranquilidad a leer el escritor de nosédónde que si no se llega a ganar nosécuál premio tampoco lo hubiéramos conocido, váyanse con sus bufandas y sus barbitas raras y su condescendencia y su mediocridad disfrazada. Y déjenos a nosotros, los que no estamos a su nivel, los inferiores, las pobres masas descarriadas, la plebe, el demos, divertirnos en paz con lo mainstream.

¿Qué onda con la manía de censurar?

Después no quieren que los comparemos con los fundas, pero a ver…

«Allí, donde se queman libros, se terminan quemando también personas»

Heinrich Heine

Y eso ahora les parece un poco extremista, pero por si no lo han notado,

Para llegar a la quema, primero se pasa por la censura.

Y la censura es peligrosa porque, como todo en esta vida, puede parecernos que lo hacemos con la mejor intención… y acabar cogiéndonos el trasero con la puerta. Y no digo más, que el tema me enerva.

¿Qué onda con los emprendedores?

No tengo deseos de entrar en detalles sobre este tema tampoco, pero… ¿a quién se le ocurrió eso de que uno es pobre porque quiere? ¿Y que los millonarios empezaron de cero? ¿Y que los negocios no necesitan capital inicial, aunque sea para no morirse de hambre en lo que el negocio da dinero? Citando a mi amiga Kikubi:

«Cada quien viene con su pan bajo el brazo y todo los panes no son iguales. Es feo que le restriegues por la cara tu pan de molde con pasas al que trajo un pan de la bodega, y encima tengas la cara de decirle que es pobre/fracasado/cero».

Bájenle ya. Llevan el «emprendimiento» con la misma intensidad y ceguera que los que acaban de descubrir una religión. Una cosa es que hayas descubierto algo que a ti te funciona, y otra muy distinta es que te pienses que es una especie de panacea universal para los males y las conveniencias de todo el mundo. O incluso, que mires por encima del hombro a los que no lo ven igual que tú. El emprendedor y el autónomo o freelance, necesitan una motivación, sí, pero también un respaldo financiero. Aunque sea, repito, para no morirse de hambre en lo que el negocio levanta vuelo, porque las cosas se ven de una forma a los 20 y otra muy distinta a los 40 cuando tienes hijos o un gato que dependen de ti (yo ando en mis 20s pero mi pobre gato come mucho).

Eso de que «si tienes una idea, ya tienes la mitad del camino hecho” es mentira. Para empezar cualquier proyecto, hay que tener conocimientos, capital y formación. Ya se habla de una burbuja emprendedora, donde todo el mundo te empuja pero muy pocos triunfan, y además el mercado se sobresatura de estos micro o pequeños negocios, la competencia se vuelve cruel y… ¿quiénes triunfan? Pues los del dinero, el conocimiento y la formación. Y el tiempo. Y la suerte. Y que el sistema político-económico, los impuestos, la sociedad, la familia, las pandemias y hasta los dioses colaboren. Es una moda, nuestros abuelos y padres querían graduarse, encontrar un trabajo que pagara las cuentas y con suerte, les gustara, y quedarse ahí toda la vida. Jubilarse con un cheque seguro cada mes, y listo. Para de contar. Eso les funcionaba. Pero esa idea ya no es válida porque las cosas han cambiado mucho. Así que ahora queremos hacer realidad nuestros sueños, soltarnos, no tener jefes, hacernos ricos, y cantar a todo pulmón, como la de Frozen, el Let It Go.

Y olvidamos el lado negativo, ese confirmado por números muy claritos que indica que, nos guste o no, la mayoría de los negocios fracasan en 5 años. O menos. Te dicen «el riesgo hace falta, el que no quiera morir que no nazca, fallar es parte del éxito». Seh, y pollas en vinagre. Los fracasos suponen perder inversiones de mucho dinero, que muchos de nosotros no podemos darnos el lujo de perder. Hay quienes quieren y se sienten capaces, hay quienes somos un poco más precavidos. ¿Cobardes? Puede ser. Igual no por eso merecemos que nos miren desde su pedestal. Entonces, queridísimos emprendedores, a mí no me vengan con cuentos chinos.

Y eso fue todo. Madre mía, qué bien sienta desahogarse. Eso fue un poco de veneno de miércoles, día atravesado como los haya. Ufff, me hacía falta.

6 comentarios sobre “Un poco de veneno entre semana

  1. Te levantaste de moño virado, pero eso es bueno. Despotrica, sra. Caballa (el pez), porque al menos así no dejaste la página en blanco.
    Sobre tus criterios, algunos (la mayoría) los comparto. Porque incluso en la cultura de la cancelación hay sus excepciones e intereses. La última noticia es la agresión a Adele por decir que se siente orgullosa de ser mujer al recoger un premio británico «neutro»… cuando deberían premiar el talento en general y no al género de la persona que lo recibe. Pero no cancelan a Lewis Carrol, cuando todo el mundo sabe que era un pedófilo y tomaba fotos de Alicia ligerita de ropa. Sin embargo, ¿qué sería de Neo sin el parlamento del conejo blanco?
    De las motivaciones del emprendedor, discrepo un tin. Si bien es cierto que no hay que andarlo proclamando a los cuatro vientos ni restregando por la cara el éxito propio, la reafirmación positiva de las posibilidades de cada cual es fundamental para no perder la motivación. Y algunos sí que han partido de 0 -de -10 incluso- y han triunfado. Tú que hablas de los cuentos chinos, te invito a revisar la biografía de Huang Colin Zheng, Li Ka-Shing, Zhong Shanshan o Jack Ma.
    No hablo de multimillonarios, pero el emprendedor necesita mantener la confianza y la certeza de que es posible triunfar allí dónde otros fracasan. Y hablo de emprendedor en el sentido amplio: personas simples que como tú y yo tuvieron la voluntad y la inteligencia necesaria para cambiar al mundo y dejar su huella en la historia.

    Le gusta a 1 persona

      1. Poe se casó con su prima de 13…
        Jerry Lee Lewis también se casó con su prima de 13, un matrimonio para colmo bígamo porque él todavía estaba casado con otra.
        Priscilla Beaulieu tenía 14 y Elvis Presley 24.
        Don Johnson, el padre de Dakota Johnson, empezó a salir con Melanie Grifth cuando tenía 14 y a los 15 ya vivían juntos (él tenía 22).
        Linda Blair, la del Exorcista, a los 15 andaba con el man q hizo de Lucifer en Supernatural q tenía 25.
        El man de Aerosmith incluso fue tutor legal de su novia de 17 años porque se la llevaba a vivir a otra ciudad.
        David Bowie anduvo por 10 años con una grupie q cuando lo conocío tenía 14.
        Luc Besson se casó a los 31 con una de 15, y eso sí fue ya en los 90´s…
        Y claro, está el escandalazo Woody Allen divorciándose de su mujer porque estaba enamorado de su hijastra adoptiva, a la cual estaba criando desde los 11…
        Si cancelamos a todos los tipos que se andan tirando adolescentes, nos quedamos sin cine, sin música, sin ni mierda. La fama es un asco.

        Me gusta

  2. 1.Veneno usado con fines medicinales.

    2.Pseudo intelectuales buscando el significado de la vida en un producto de entretenimiento que los inversores buscan abarcar el mayor mercado posible y los creativos hacen lo que pueden con su habilidad y los limites que les imponen. Les falta humildad para aceptar que no lo saben todo sobre todo. Carecen de empatía para escuchar y exponer sus ideas para llegar a una síntesis.

    3. Spoilersote! que bueno que la vi antes.

    4. Se juzga y/o se oculta lo que no se entiende. Y como bien dices, también hay intereses en juego.

    5. Personas que no entienden como se genera la riqueza o la economía en general. Y luego quieren vender el humo del coaching y cursos para hacerte rico desde cero, entonces hay que ocultar las ventajas que los ricos ya tenían. Y si, no es lo mismo tener 10 fichas, que costaron un mes de trabajo, para apostar en la ruleta. Que tener 1000 y otras tantas miles en patrimonio que ya había formado la familia.

    Me gusta

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea tu sitio web con WordPress.com
Comenzar
A %d blogueros les gusta esto: